Ventajas e inconvenientes de tener un gato

Ventajas e inconvenientes de tener un gato

Los gatos llevaban conviviendo con los seres humanos desde hace más de 9.000 años, tal y como demuestran los hallazgos (esqueletos, dibujos, etc.) que datan del Antiguo Egipto. De hecho, a día de hoy en muchos países civilizados ya han superado al perro como animal de compañía predilecto. A continuación te contamos cuáles son las principales ventajas e inconvenientes que supone tener un gato como compañero de vida.

Ventajas de convivir con un gato

Mascota terapéutica

Está demostrado científicamente que convivir con un gato reduce los niveles de ansiedad, de estrés y la presión arterial de sus dueños, lo que repercute de forma beneficiosa en la posibilidad de sufrir patologías más graves tales como depresión o enfermedades cardiacas.

Son extremadamente limpios

Un rasgo muy característico de estos pequeños felinos es la enorme cantidad de tiempo que emplean en el cuidado de su higiene. Ya desde muy jóvenes pasan horas y horas acicalándose, una tarea que nos ahorran a nosotros. Asimismo, aprenden muy pronto cuál es el lugar donde deben hacer sus necesidades (normalmente, una bandeja con arena), por lo que no suele ser común que encontremos orina o excrementos esparcidos por nuestro hogar.

Son independientes y muy empáticos

Si eres una persona que pasa mucho tiempo fuera de casa, no deberás preocuparte porque tu gato se sienta solo, ya que además de pasar gran parte de la jornada en estado de reposo, tu amigo peludo tiene una enorme capacidad para entretenerse con casi cualquier cosa. Asimismo, un gato tiene la capacidad de reconocer cuándo su dueño precisa de cariño y cuándo está ocupado realizando otros quehaceres, por lo que se acercará a nosotros o desaparecerá de nuestra vista según interprete cuál es nuestro estado de ánimo.

Amigo y maestro de los niños

Por lo general, los gatos se llevaban muy bien con los niños. Además de hacerles reír, los pequeños felinos inculcarán en nuestros pequeños valores como la responsabilidad, el respeto e incluso fomentarán su extroversión. De hecho, la ciencia ha demostrado que niños con problemas de autismo desarrollan nuevas capacidades de socialización tras pasar un tiempo interactuando con gatos.

Mejoran el sistema inmunitario   

Convivir con un gato repercute beneficiosamente en el sistema inmunitario, tanto de adultos como, sobre todo, de niños. Además de prevenir contra futuros problemas relacionados con el sistema respiratorio, los alérgenos que los felinos desprenden favorecen una mayor resistencia frente a reacciones alérgicas.

Potenciales inconvenientes derivados de la convivencia con gatos

Sensibilidad ante cambios bruscos

Una de las mayores debilidades de los gatos es su debilidad frente a cambios bruscos en su hábitat, por lo que no es conveniente tener uno como mascota si nuestra dinámica de vida supone traslados de vivienda regulares o viajes continuados (durante los cuales nos veamos obligados a llevar al animal con nosotros). Si sometemos a nuestro amigo peludo a dicho trasiego, probablemente acabe sufriendo algún tipo de patología emocional (depresión, estrés, ansiedad, etc.).

Dejan marcas territoriales

Si bien es cierto que los gatos son de las mascotas más limpias que existen, no por ello vamos a dejar de encontrarnos, aunque sea muy de vez en cuando, orina o rascaduras en ciertos puntos de nuestro hogar (sobre todo en muebles). Sencillamente, es la forma que los felinos tienen de marcar y delimitar su territorio; es decir, que este comportamiento forma parte de su instinto, por más domesticado que esté el ejemplar en cuestión.

No manifiestan su malestar ni sus enfermedades

Esta característica es especialmente relevante, ya que si no estamos prestamos atención de manera regular corremos el riesgo de que nuestro gato enferme gravemente. Los felinos no suelen dar muestras de que están enfermos, por lo que somos nosotros quienes debemos fijarnos si se produce algún cambio en su comportamiento, estado de ánimo o forma física: es posible que, debido a alguna patología, pierdan más pelo del acostumbrado, se muestren apáticos y faltos de energía o dejen de comer y de beber. Este último caso quizá sea el más preocupante, ya que los gatos corren un alto riesgo de deshidratación si no beben agua de manera regular. Asimismo, cuando un gato es castrado, debemos cuidar mucho más su alimentación, ya que a partir de la operación es más que probable que comience a comer mucho más, lo que podría acarrear problemas de sobrepeso.