Educa a tu perro de manera correcta

En el argot canino, existe una distinción bastante clara entre ‘educación’, ‘adiestramiento’ y ‘obediencia’, por lo que hemos considerado oportuno aclarar los conceptos antes de entrar de lleno en materia. Con ‘educar’ solemos referirnos a la educación a la que suele someterse a los cachorros, a diferencia del ‘adiestramiento’, que suele referirse a la educación mucho más estricta a la que se somete a los perros jóvenes y adultos. Y con ‘obediencia’ se alude (tradicionalmente) al conjunto de órdenes que reciben los canes de cara a su preparación para competir.

Pero dado que nuestra intención es ser lo más pragmáticos y útiles posible, en este artículo vamos a utilizar los tres términos de manera indistinta. Con todo, los consejos a los que vamos a referirnos (seleccionados por considerarlos los más eficaces y ‘urgentes’) son, en esencia, órdenes, y, por tanto, se enmarcarían dentro de las normas básicas de la ‘obediencia’ canina.

Consejos básicos para que tu perro obedezca

Educar a nuestro perro de manera correcta es una tarea imprescindible si no queremos que la convivencia se convierta en un suplicio. Además, nos ayudará a sentar las bases (en el caso de un cachorro) del vínculo afectivo que nos unirá a él de por vida, o bien a reforzarlo (si comenzamos a vivir con el can cuando este ya es joven o adulto). Nuestro primer consejo es que hagas de la paciencia tu principal virtud: vas a necesitarla sea cual sea la raza de tu perro. Y, en segundo lugar, te aconsejamos que no te tomes el adiestramiento de tu can (ni de cualquier otra mascota) como una obligación tediosa, ya que el animal percibirá las emociones que sientas durante el proceso y los resultados se verán afectados de forma negativa. Así que ¡diviértete y haz que tu perro se divierta aprendiendo!

Consigue que tu perro se quede quieto

Esta orden es esencial cuando queremos que nuestro can frene sus impulsos, sobre todo cuando está muy excitado o un elemento externo (una visita, ruido, otros perros, etc.) capta su atención y lo agita. En primer lugar, y como ocurre con el resto de órdenes, debemos escoger una palabra, como por ejemplo “quieto” o “para”. Esta ha de diferenciarse tanto del nombre de nuestra mascota como del resto de palabras que aludan a otras órdenes, y debe ser pronunciada de manera clara y con voz firme. Solo de este modo nuestro perro podrá identificarla y acatarla de forma inmediata (con algo de tiempo y mucha práctica, claro). La mera negación (“¡no!”) no suele surtir un efecto tan eficaz como otras palabras más extensas y que utilizamos de forma menos habitual. Asimismo, acompañaremos la orden con un gesto coherente con la misma (por ejemplo, con la palma de la mano abierta), que siempre deberá ser el mismo.

Cuando hayamos conseguido que nuestra mascota identifique la orden (es decir, que se quede quieta cuando la pronunciemos y realicemos el gesto), le recompensaremos positivamente con palabras cariñosas y con caricias. También suele ser de ayuda añadir al refuerzo un premio, como una galleta, sobre todo en las etapas iniciales del adiestramiento.

Logra que tu perro acuda a ti

Al igual que con la orden anterior, para que nuestro can venga cuando deseemos deberemos elegir una palabra coherente (“ven” o “aquí”, por ejemplo) y acompañar la orden con un gesto (llevar la mano con el índice extendido señalando a nuestros pies, por ejemplo). Este gesto ha de ejecutarse con determinación para reforzar el cariz emocional de nuestra voz. Antes de poner en práctica esta orden en la calle o en el parque, es recomendable hacerlo en casa, ya que los estímulos serán mucho menores y nuestro can podrá prestarnos mucha mayor atención.

Sienta a tu perro

Muchos dueños suelen utilizar la voz “sit” o “sentado” de manera indistinta, para ordenar a su perro que se detenga cuando está haciendo algo mal, cuando desean que se calme, etc. Sin embargo, es importante que delimitemos y clarifiquemos las órdenes con la máxima precisión posible, ya que en caso contrario nuestra mascota se confundirá y, en el mejor de los casos, nos mirará extrañada. Si lo que queremos es que nuestro perro se siente, hagamos lo mismo que en los dos ejemplos anteriores: establezcamos una palabra inmutable y acompañémosla con un gesto coordinado.

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