Consejos para educar a tu gato

Consejos para educar a tu gato

Muchas personas consideran que educar a un gato es una tarea imposible e incluso, en algunos casos, inmoral: esta última idea suele ser defendida con el argumento de que los gatos son animales salvajes, por lo que adiestrarlos es un acto que atenta contra su naturaleza. Si bien es cierto que enseñar a un gato a comportarse de manera ‘correcta’ suele ser en muchas ocasiones algo complicado y que lleva tiempo, no lo es menos que convivir con un pequeño felino que no cumpla con unas mínimas normas de conducta puede convertirse en un auténtico infierno. A continuación esbozamos una serie de consejos y recomendaciones para que puedas disfrutar con plenitud de la compañía de tu mascota peluda, sin que por ello esta deba renunciar (al menos no del todo) a su naturaleza atávica.

Dale la bienvenida a tu gato como es debido

El proceso de adiestramiento de nuestro gato comienza desde el primer día que entra en casa. Durante las primeras semanas hemos de esforzarnos en darle todo el amor y el cariño posibles, para que de este modo se sienta seguro y confíe en nosotros (la desconfianza es uno de los principales obstáculos a la hora de llevarse bien con un gato). Acaricia a tu gatito bebé y dirígele palabras afectuosas de manera regular y constante (en esta primera etapa será difícil que se canse de recibirlas) y él te recompensará con ronroneos y lametones: estos últimos son una señal inequívoca de que para él has pasado a ocupar el lugar de su madre. Este vínculo es especialmente relevante, ya que colocará al gatito en una actitud mucho más receptiva que facilitará su aprendizaje.

Enséñale su nuevo hogar

Durante las tres primeras semanas de vida del gatito (tiempo a partir del cual se considera que un gato ya puede comenzar a ‘aprender’ lecciones impartidas por humanos, ya que habrá desarrollado las bases de su naturaleza indagadora), además de darle cariño, no podremos hacer mucho más que mostrarle a nuestra pequeña mascota dónde están ubicados los instrumentos imprescindibles que ha de aprender a utilizar: el bebedor, el arenero, el rascador y sus juguetes. Aunque, obviamente, no sabrá muy bien qué hacer con ellos, al menos se familiarizará con los mismos.

Ten paciencia

Hasta que no pasen las tres semanas citadas, deberemos armarnos de paciencia y consentir a nuestro gato: hemos de dejar que mordisquee, arañe y corra a su antojo, ya que privarle de estas acciones podría derivar en conductas nocivas en etapas posteriores. Con todo, podemos ir inculcándole ciertas rutinas: por ejemplo, cuando veamos que se ensaña mordiendo o arañando algo, lo cogeremos y lo llevaremos al rascador.

Redirige su conducta con tacto

Una vez pasadas las tres semanas, cuando el gatito haga algo que no deseemos que se repita en el futuro reconduciremos su conducta siguiendo estos pasos:

  • Cuando nos muerda o arañe mientras jugamos, dejaremos de hacerlo y nos marcharemos, para así hacerle entender (con el paso del tiempo) que la diversión se acabará cada vez que se comporte de ese modo.
  • Cuando haga sus necesidades fuera del arenero y lo pillemos in fraganti, lo cogeremos y lo llevaremos allí donde debe aprender a hacerlas. En el caso de que observemos que la conducta se mantiene igual y que los lugares donde mea y donde caga suelen ser los mismos, ubicaremos en ellos el arenero.

Juega con tu gato todo lo que puedas

Uno de los principales problemas que generan conductas inadecuadas en los gatos es la falta de atención. Tradicionalmente, se ha asociado a este animal con la independencia, pero lo cierto es que si no jugamos con él de manera regular y desde los primeros meses, su comportamiento pronto degenerará en conductas poco deseables.

Para ‘enseñarle a jugar’ podemos utilizar muchas técnicas. Por ejemplo, si tiende a sacar las uñas o a morder, un recurso útil suele ser mostrarnos molestos mediante algún sonido, o, como decíamos con anterioridad, parar de jugar inmediatamente y no hacerle caso. Asimismo, es de crucial importancia que utilicemos los premios (el refuerzo positivo) cuando nuestra pequeña mascota se comporte de manera correcta, para que poco a poco vaya asociando los primeros con la segunda. Y, sobre todo, evita gritar a tu gato o castigarle físicamente: no entenderá qué pasa y volverá a repetir la misma acción una y otra vez.

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